Estrés prolongado: síntomas, causas y cómo recuperar el equilibrio

¿Tienes estrés prolongado? Descubre consejos para recuperar el equilibrio

 

Todos sentimos estrés en algún momento. El problema aparece cuando esa sensación deja de ser temporal. Si el organismo permanece activado durante semanas o meses, hablamos de estrés prolongado, también conocido como estrés continuado o estrés continuo

En ese momento, el cuerpo tiene más dificultades para recuperar el equilibrio y pueden aparecer síntomas que afectan tanto al bienestar físico como al mental. Comprender qué ocurre durante este proceso es el primer paso para aprender a gestionarlo y cuidar mejor de nuestra salud.


¿Tu estrés puede estar cronificándose?

Si te identificas con varias de estas situaciones desde hace semanas o meses, es posible que tu organismo esté viviendo un periodo de estrés prolongado:

  • Te sientes cansado incluso después de dormir.

  • Te cuesta desconectar y tu mente parece estar siempre «encendida».

  • Notas tensión frecuente en el cuello, los hombros o la mandíbula.

  • Te resulta más difícil concentrarte o recordar las cosas.

  • Duermes peor o te despiertas varias veces durante la noche.

  • Estás más irritable o con menos paciencia de lo habitual.

  • Has empezado a notar molestias digestivas o cambios en el apetito.

Estos síntomas pueden tener diferentes causas y no significan necesariamente que exista un problema de salud concreto. Sin embargo, cuando se mantienen en el tiempo, merece la pena prestarles atención y revisar nuestros hábitos de descanso, alimentación y estilo de vida.


¿Qué es el estrés prolongado?

El estrés es una respuesta de adaptación que ha permitido al ser humano sobrevivir durante miles de años. Cuando el cerebro detecta una situación que interpreta como un desafío o una amenaza, activa una serie de mecanismos para ayudarnos a responder con rapidez.

En esos momentos aumenta la actividad del sistema nervioso y se liberan hormonas como la adrenalina y el cortisol. El corazón late más deprisa, la respiración se acelera y el organismo dirige más energía hacia aquellas funciones necesarias para reaccionar.

Todo esto es completamente normal... Siempre que la situación sea temporal.

Cuando las preocupaciones, la presión laboral, la falta de descanso o los problemas personales se prolongan durante semanas o meses, el cuerpo puede permanecer en un estado de activación constante. Es entonces cuando hablamos de estrés prolongado.

En otras palabras, el organismo sigue comportándose como si tuviera que enfrentarse a un peligro inmediato, aunque la amenaza ya no exista o forme parte de la rutina diaria.


Estrés puntual y estrés prolongado: ¿en qué se diferencian?

Aunque utilizamos la misma palabra para ambos casos, existe una diferencia importante entre el estrés puntual y el estrés prolongado.

Estrés puntual

Estrés prolongado

Aparece ante una situación concreta.

Se mantiene durante semanas o meses.

Es una respuesta normal del organismo.

El cuerpo permanece demasiado tiempo en estado de alerta.

Desaparece cuando termina la situación.

Cuesta recuperar la sensación de calma.

Puede mejorar el rendimiento de forma puntual.

Puede afectar al descanso, la energía y al bienestar diario.


La diferencia no está tanto en la intensidad del estrés como en el tiempo durante el que el organismo permanece activado. Cabe destacar que no todo estrés es negativo: el estrés beneficioso (base de la hormesis) puede ser un estímulo positivo para el organismo cuando se aplica de forma controlada.


¿Cuáles son los síntomas del estrés prolongado más habituales?

Los síntomas del estrés prolongado pueden manifestarse de muchas formas y no todas las personas los experimentan igual. Algunas notan sobre todo cansancio, mientras que otras perciben cambios en el sueño, molestias digestivas o dificultad para concentrarse.

Cansancio que no desaparece

Uno de los síntomas más habituales es la sensación de agotamiento constante. Incluso después de dormir, muchas personas sienten que no recuperan completamente la energía.

Dificultad para dormir

Cuando la mente permanece en estado de alerta resulta más difícil conciliar el sueño o mantener un descanso reparador. ¿Sabes qué le pasa a tu cuerpo si no duermes bien?

Problemas de concentración

Es frecuente tener la sensación de que cuesta más mantener la atención, organizar las tareas o recordar información que antes resultaba sencilla.

Irritabilidad y cambios de humor

El estrés continuado también puede hacer que reaccionemos con más intensidad ante pequeños contratiempos o que nos sintamos emocionalmente más sensibles.

Tensión muscular

Muchas personas acumulan tensión en el cuello, los hombros, la mandíbula o la espalda sin ser conscientes de ello.

Molestias digestivas

El cerebro y el intestino mantienen una comunicación constante a través del llamado eje cerebro-intestino. Por eso, durante una etapa de estrés continuo también pueden aparecer sensación de hinchazón, cambios en el ritmo intestinal o molestias digestivas. Puedes ampliar esta información en nuestro artículo sobre qué es la inflamación intestinal y cómo combatirla.


¿Qué ocurre en el organismo cuando vivimos demasiado tiempo en alerta?

Nuestro cuerpo está preparado para responder a situaciones de estrés de forma puntual, pero no para permanecer activado de manera constante.

Cuando esta respuesta se mantiene durante demasiado tiempo, el organismo dedica gran parte de sus recursos a mantenerse en alerta. Como consecuencia, procesos tan importantes como el descanso, la recuperación o el equilibrio del sistema nervioso pueden verse afectados.

Con el paso del tiempo es habitual que aparezca una sensación de fatiga física y mental, que el descanso sea menos reparador o que resulte más difícil desconectar incluso cuando termina la jornada.

Por eso, gestionar el estrés no significa únicamente sentirse más tranquilo. También implica ayudar al organismo a volver a su estado natural de equilibrio.


¿Qué puedes hacer si sufres estrés continuo?

Aunque no siempre podemos eliminar aquello que nos genera estrés, sí podemos adoptar hábitos que ayuden al organismo a adaptarse mejor.

Prioriza el descanso

Dormir entre siete y nueve horas, mantener horarios regulares y reducir el uso de pantallas antes de acostarte son pequeños cambios que pueden mejorar la calidad del sueño. 

Muévete cada día

La actividad física regular ayuda a liberar tensión acumulada y favorece el bienestar físico y mental. No es necesario realizar entrenamientos intensos: caminar, nadar o montar en bicicleta también son excelentes opciones.

Reserva tiempo para desconectar

Leer, pasear, practicar respiración consciente, meditación o simplemente disfrutar de unos minutos sin interrupciones puede ayudarte a reducir la sensación de estar siempre alerta.

Cuida tus relaciones personales

Hablar con familiares, amigos o personas de confianza también forma parte del autocuidado. Compartir cómo te sientes puede aliviar la carga emocional y ayudarte a afrontar mejor las situaciones difíciles.

Busca ayuda si la necesitas

Si el estrés afecta de forma importante a tu descanso, tu trabajo, tus relaciones personales o tu calidad de vida, consultar con un profesional sanitario puede ayudarte a identificar las causas y encontrar la estrategia más adecuada para recuperarte.

La alimentación también puede ayudarte a afrontar mejor el estrés continuado

Cuando atravesamos una etapa de estrés prolongado, solemos prestar toda la atención a lo que ocurre en nuestra mente y olvidamos que nuestro cuerpo también está haciendo un esfuerzo constante por adaptarse.

Dormir poco, comer deprisa, abusar de alimentos ultraprocesados o recurrir a un exceso de café para mantener el ritmo puede hacer que esa sensación de agotamiento sea aún mayor. Por eso, aunque la alimentación no elimina el estrés, sí puede convertirse en una gran aliada para cuidar el organismo durante estos periodos.

Una dieta rica en verduras, frutas, legumbres, frutos secos, pescado, cereales integrales y grasas saludables aporta vitaminas, minerales y otros compuestos naturales que ayudan a mantener el correcto funcionamiento del organismo.

Magnesio: un mineral esencial

El magnesio participa en cientos de procesos fisiológicos relacionados con la producción de energía, la función muscular y el sistema nervioso. Mantener unos niveles adecuados forma parte de una alimentación equilibrada y puede ser especialmente importante en personas con una dieta poco variada o con mayores necesidades nutricionales. Conoce más sobre los tipos de magnesio, sus usos y diferencias.

Vitaminas del grupo B

Las vitaminas del grupo B ayudan al organismo a obtener energía a partir de los alimentos y participan en numerosos procesos necesarios para el funcionamiento normal del cuerpo. Seguir una alimentación variada suele ser la mejor forma de cubrir las necesidades diarias.

Polifenoles: mucho más que antioxidantes

Frutas, verduras, cacao, aceite de oliva virgen extra, frutos rojos o té verde son alimentos ricos en polifenoles, compuestos naturales presentes en los vegetales que forman parte de un patrón de alimentación saludable.

En los últimos años, estos compuestos han despertado un gran interés para la investigación por su interacción con los mecanismos naturales de protección celular, como el factor Nrf2. Aunque todavía queda mucho por conocer, seguir una alimentación rica en alimentos vegetales sigue siendo una de las mejores estrategias para cuidar la salud a largo plazo.


Algunas dudas frecuentes sobre el estrés prolongado

Me siento estresada, ¿qué puedo hacer?

Lo primero es identificar qué está generando ese estrés. A veces no podemos cambiar la situación, pero sí la forma en la que cuidamos nuestro cuerpo mientras la afrontamos.

Dormir lo suficiente, mantener una alimentación equilibrada, realizar actividad física con regularidad, reservar tiempo para desconectar y apoyarte en personas de confianza son hábitos que pueden ayudarte a recuperar el equilibrio. Si la sensación de estrés persiste durante semanas o afecta a tu calidad de vida, consulta con un profesional sanitario.


¿Qué planta es buena para el estrés?

Existen plantas ampliamente utilizadas en complementos alimenticios, como la ashwagandha, la rodiola o la melisa, que están siendo estudiadas por su posible papel en la respuesta al estrés. Sin embargo, actualmente la mayoría no cuentan con declaraciones de propiedades saludables autorizadas en la Unión Europea para este uso.

Por ello, conviene desconfiar de los productos que prometen eliminar el estrés y recordar que ningún complemento alimenticio sustituye a unos buenos hábitos de descanso, alimentación y ejercicio.


¿Qué síntomas produce el estrés?

Los síntomas más frecuentes incluyen cansancio persistente, dificultad para dormir, irritabilidad o cambios de humor, problemas de concentración, tensión muscular, molestias digestivas y sensación de estar siempre en alerta.

La intensidad y la combinación de estos síntomas varían de una persona a otra.


¿Qué vitaminas son buenas para el estrés?

No existen vitaminas que eliminen el estrés. Sin embargo, una alimentación equilibrada aporta nutrientes importantes para el correcto funcionamiento del organismo, como las vitaminas del grupo B y el magnesio.

Si tu alimentación es poco variada o sospechas que puedes tener un déficit nutricional, consulta con un profesional sanitario antes de recurrir a la suplementación.


Conclusión

El estrés puntual forma parte de la vida y, en muchas ocasiones, nos ayuda a adaptarnos a nuevos retos. Sin embargo, cuando esa respuesta se mantiene durante demasiado tiempo y aparece el estrés prolongado, el organismo puede empezar a enviar señales de que necesita recuperarse.

Aprender a reconocer los síntomas del estrés prolongado es el primer paso para actuar antes de que afecte a nuestro bienestar. Dormir mejor, mantener una alimentación equilibrada, realizar actividad física de forma regular y dedicar tiempo a desconectar son hábitos sencillos que, mantenidos en el tiempo, pueden marcar una gran diferencia.

En Holos Nutrition entendemos la salud como el resultado de pequeños hábitos diarios. No existen soluciones mágicas, pero sí decisiones cotidianas que ayudan a nuestro organismo a adaptarse mejor a los desafíos del día a día. Cuidar de ti empieza por escuchar las señales que te envía tu cuerpo y darle las herramientas necesarias para recuperar el equilibrio.

 

Nota

Este artículo tiene fines exclusivamente informativos. La información contenida en este artículo no pretende tratar, diagnosticar o sustituir el consejo de un profesional sanitario. Consulte con un profesional de la salud cualificado si presenta una condición médica preexistente o si actualmente está tomando medicación. Los complementos alimenticios no deben utilizarse como sustitutos de una dieta variada y equilibrada ni de un estilo de vida saludable.

________________________________________________________________________________________________

Referencias 

  1. McEwen BS. Protective and damaging effects of stress mediators. New England Journal of Medicine. 1998.

  2. McEwen BS, Akil H. Revisiting the Stress Concept. Neuron. 2020.

  3. Schneiderman N, Ironson G, Siegel SD. Stress and health: psychological, behavioral and biological determinants. Annual Review of Clinical Psychology. 2005.

  4. Yaribeygi H, et al. The impact of stress on body function. EXCLI Journal. 2017.

  5. Carabotti M, et al. The gut-brain axis: interactions between enteric microbiota, central and enteric nervous systems. Annals of Gastroenterology. 2015.

  6. World Health Organization. Stress – Questions and Answers.

  7. European Food Safety Authority (EFSA). EU Register of Nutrition and Health Claims.

  8. National Institute of Mental Health. 5 Things You Should Know About Stress.

Puede que te interese

Energía celular y su relación con las mitocondrias | Holos Nutrition

Dejar un comentario

Este sitio está protegido por hCaptcha y se aplican la Política de privacidad de hCaptcha y los Términos del servicio.